Cuando las Cosas no Salgan Bien, No te Pelees Contigo.

Hace unos días, platicando con un grupo de personas involucradas en un programa de formación para generar cambios a nivel personal, me decían que habían comenzado a aplicar algunas de las estrategias aprendidas en sesiones anteriores y que después de mantener su nueva conducta durante unos días, “de pronto” aparecía nuevamente la conducta problema, esa que estaban buscando cambiar y que eso les hacía sentir molestas, decepcionadas y frustradas con ellas mismas.

Cuando entras en un proceso de cambio personal, lo haces deseando dejar atrás -el estado actual- alguna conducta o forma de pensar que no te es útil, no te gusta o te genera problemas. Parte de ese proceso, implica identificar el sustituto de esa conducta o pensamiento, esto es, el estado deseado. Definir la manera cómo quieres actuar o pensar en oposición a lo que ya no quieres seguir haciendo. Así por ejemplo tendríamos: Comer en exceso por Comer saludablemente, llevar una vida sedentaria por tener un programa de actividad física al día, o enojarse con facilidad por manejar inteligentemente las emociones.

Con ese objetivo en mente –el estado deseado- las personas inician el proceso. Durante los primeros días, cargadas o cargados de entusiasmo y buenas intenciones, las cosas parecen “ir sobre ruedas” con la práctica de la nueva conducta, sin embargo, es probable que en algún momento “aparezca” la conducta no deseada.

Ante este tipo de situación, es común que muchas personas suelan sentirse como las personas de las que te hablé al principio de esta artículo: molestas y decepcionadas, ante lo que ellas juzgan un fracaso. Y cuando esto sucede, generalmente se generan ideas de incapacidad para alcanzar el resultado deseado: “otra vez estoy en las mismas”, “haga lo que haga nunca voy a poder con esto”, “que débil soy… siempre termino haciendo lo mismo”, “que tonto, otra vez volví a las andadas”, “como soy…” sólo por citar alguna ideas.

De poco o nada sirve el que te enojes y te pelees contigo mismo o contigo misma cuando durante tu proceso de cambio o mejora personal, te has equivocado o las cosas “no salen bien”. Pelearte contigo, lo único que hará es que pierdas infamemente tu tiempo y tu energía, y sobre todo que afectes tu confianza personal y la posibilidad del cambio.

La realidad es que mientras logras el cambio, existen muchas posibilidades de que puedan aparecer las conductas o pensamientos que estamos tratando de sustituir, y es importante que las aceptemos como parte natural del proceso, preparándonos así para su aparición.

Cuando aceptas estas “recaídas” como parte natural del proceso, cuando esto sucede, difícilmente afectarán tu estado de ánimo y no perderás tu tiempo ni tu energía peleándote contigo misma(o). En lugar de ello, lo mejor es “retomar” el camino, volver a meterte en la “ruta correcta”. Así por ejemplo si tu objetivo es comer saludablemente y al medio día comiste “eso” que sabes no es lo mejor para ti, en lugar de “golpearte” verbalmente y experimentar sentimientos de culpa, teniendo en mente tu objetivo, sólo retoma la “ruta”, la próxima vez que comas algo, cuida que sea saludable.

Muchas personas suelen quedarse “atascadas” en lo que hicieron mal, centrando su atención en la “falla” o el “error”” y se lo repiten una y otra vez mentalmente. Práctica nada útil para tu objetivo. ¿No lo crees?

En lugar de pensar o centrar tu atención en el error, te sugiero hacer algo que en esos casos puede ser mucho más útil para ti, que pienses en las veces en que tus decisiones y tus acciones sí te han llevado por el camino correcto, contribuyendo a que logres el Resultado Deseado.

Tomando nuevamente el ejemplo anterior: si bien es cierto que al medio día comiste lo que no debías, lo cierto es que durante los últimos días lo has estado haciendo bien, ¿porqué no enfocar tu atención en eso?, en las veces en que has hecho lo necesario para alcanzar tu objetivo “comer saludablemente”. El hacerlo así, además de mantenerte en el camino correcto, tiene un efecto estimulante, pues al hacerlo te concentras en las cosas que has hecho bien y eso te conecta con sensaciones y sentimientos positivos y útiles que te llenan de fuerza y de poder, estados de plenitud de recursos, lo que te lleva a ganar mayor confianza y control sobre ti misma(o) percibiéndote con la capacidad para lograr aquello que te propones.

Así que ya lo sabes, si estás buscando mejorar tu forma de actuar o de pensar y has decidido iniciar el proceso, cuando las cosas no salgan de lo mejor, no te pelees contigo, ni te concentres en el error, sólo retoma el camino teniendo en mente lo que deseas lograr y recordando todas esas veces en que lo has hecho bien. Estoy seguro que de ser así, pronto estarás haciendo realidad tu cambio.

La pregunta no es si te vas a caer, la pregunta es: ¿Qué vas ha hacer cuando te caigas?

¿Crees que el articulo puede ser útil? si es así, te agradeceré lo compartas con quien pueda beneficiarse de él o a través de las redes sociales. 

 

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¿Emoción o Transformación?

Algunas personas me preguntan que si me dedico a motivar a la gente, otras más me dicen que soy un buen Motivadormotivador. Quizá hace algunos años me hubiera sentido halagado al recibir esos comentarios, hoy no es así.

Para algunos tal vez resulte extraño lo que acaban de leer -sobre todo cuando muchas personas buscan ser motivadas- ahora trataré de explicarte porque lo digo.

Con el paso de los años, a más de buscar generar sólo motivación en las personas, al hacer mi trabajo, mi objetivo es provocar una verdadera transformación en aquellos que me otorgan su confianza al solicitar mis servicios o participar en algún proceso de formación.

Hoy, suelo comparar la Motivación – esa que se “dispara” en la gente que asiste a la mayoría de los cursos, Coca colaconferencias y talleres de “formación”- con el gas de la Coca Cola, que una vez que destapas la botella, el gas sube de inmediato, creándose una respuesta evidente y expansiva pero que pasados algunos segundos, -ese gas- desaparece y el liquido vuelve a tomar su dimensión real, ¿no es cierto?

Eso es lo que sucede precisamente con muchas de las personas que asisten a esos eventos, una vez “agitadas” sus emociones, al abandonar el lugar, salen “llenos de gas”, motivados, deseando cambiar su vida y comerse al mundo. La realidad es que en pocos días, todo volverá a “su nivel” quedando todo en sólo deseo.

Conozco a varías personas que han tomado todo un programa de formación atravesando por sus diferentes niveles, que vivieron muy entusiasmados y que con el paso del tiempo no lograron un cambio significativo en su vida. Algunas de ellas experimentando las mismas limitaciones que tenían al principio.

Esa es una de las razones por las que no comulgo con esos procesos de formación en los que la dinámica esta dirigida a “mover” las emociones de la gente, que en un momento pueden ser muy impactantes pero al poco tiempo su efecto desaparece sin que suceda algo realmente significativo en la vida de esas personas.

Con lo anterior no quiero decir que un proceso de formación debe estar ausente la emoción, en lo absoluto. Estoy convencido que la emoción es un componente fundamental para provocar el cambio, pero la emoción por si sola, no alcanza para crear y consolidar un verdadero cambio.

 

El objetivo, además de generar emoción, es ofrecer las “herramientas” necesarias para promover, facilitar y consolidar el cambio. Dicho de otra manera, enseñar el “Cómo”: Cuáles son los pasos, las estrategias y las acciones que habrán de llevarse a cabo y el cómo hacerlo.

Así, podríamos decir que la emoción es el primer paso para el cambio. Esto trae a mi mente lo que le escuche decir a uno de mis maestros: Richard Bandler –uno de los creadores de la Programación Neurolingüística- Cuando terminábamos una sesión de entrenamiento nos dijo: “Ahora, que salgas de aquí, cuando veas a los ojos de otra persona, regálale esperanza en tu mirada”.

A mi me parece genial tener la capacidad de poder hacerle sentir a otra persona, que tiene la posibilidad de mejorar su vida, ayudarle a ver las opciones que tiene para ir más allá de lo que ha ido pero eso es sólo el principio. El siguiente paso es enseñarle cómo llegar ahí, que necesita hacer para lograrlo. Desafortunadamente esto es lo que difícilmente encuentras en la mayoría de los procesos que se ofrecen.

Entonces, el verdadero cambio tiene que ver con algo más, exige ir a un nivel más profundo pero al mismo tiempo practico. Saber por ejemplo: cómo cambiar creencias limitantes por otras más útiles y potenciadoras, cómo deshacerse de emociones que dañan y mantienen estancada a una persona y como crear estados que nos llenen de poder y seguridad, cómo deshacerse del miedo o transformarlo en una fuente de poder. Cómo generar nuestra propia motivación cuando la necesitamos. Es transformar el conocimiento en algo útil y empoderador pero sobre todo que las personas aprendan a utilizar ese conocimiento sin depender de otros para crear su transformación personal. Cuando esto sucede el conocimiento dejar de serlo para convertirse en sabiduría.

Entonces el objetivo de un verdadero proceso de crecimiento o cambio personal no trata sólo de entusiasmar o motivar a la gente sino en verdad transformarla, dotándola del poder (“los cómos”) para que pueda hacerlo.

Por ello, antes de enrolarte en una programa de formación debes asegurarte de que es lo que ofrece éste y cuales han sido los resultados del mismo –con otras personas– no a corto sino a largo plazo.

Metamorfosis1

Y si, no soy motivador, soy un facilitador de procesos de cambio, por eso cuando me pregunta a que me dedico –puede se que para algunos puede sonar muy pretencioso- mi respuesta es: Me dedico a transformar vidas.

SI tienes algún comentario, inquietud o pregunta en relación al contenido de este articulo por favor házmelo sabe.

 

Cómo siempre, mucho agradeceré si decides compartir esta información con otras personas y a través de las redes sociales.

 

Un abrazo

 

Guillermo Erazo

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